Kev Tynan #012

Me encontraba frente a este sombrío individuo, enfrentando la misma muerte. El Cazador estaba convencido de que yo de alguna manera ya estaba marcado. ¿Saben lo que significa eso?. Yo sí. La muerte.

—No puede ser. No recuerdo haberlo hecho. Es la primera vez que estoy acá.
—¿Está seguro?
—Lo estoy. No recuerdo haber visto nunca este lugar. Esos árboles… esa… esa fuente… No… no puede ser. Esto no tiene sentido.
—Mi deber como Protector es informarle a usted que es Kevin O. Williams, y recuerdo muy bien esa marca. Solía vivir aquí, en la Residencia Presidencial, antes de que se transformara en la zona cero. Fue el primer marcado. Los métodos todavía no eran buenos, es probable que haya perdido la memoria. Eso explicaría por qué los feeds de noticias hablan de usted como si hubiera desaparecido. Los medios consideraron que lo suyo fue un asesinato político y lo dejaron atrás. El orgulloso Presidente Kevin, aquel que instauró el Plan Ater y pudo convencer a miles de millones de bloquear el sol con fines experimentales. Que curiosa la idea de que vuelva a ser marcado por segunda vez y deba morir en el lugar en el que alguna vez vivió. Por algo que usted mismo creó.

El Cazador no dijo una palabra más, levantó su puño y cuando lo hizo, sentí como si estuviera apretándome por dentro. Ser sostenido por algo que no se puede ver era bastante aterrador. Intenté alejarme pero mis músculos no respondían.

—Interesante. —dijo o más bien escuché dentro de mi cabeza— Las personas usualmente se desmayan a los pocos segundos.

Seguido a eso, presionó su puño como si intentase intensificar su ataque invisible. Era inútil. Seguía siendo la misma parálisis del principio.
Su enorme mano cedió ante la imposibilidad de hacerme algún tipo de daño y empezó a observarla, preguntándose que sucedía.
Para mí estaba claro. Lo que había hecho Albe guardaba alguna relación con esto. Aunque no debí pensar en eso, no frente a un gigante cazador que podía escuchar mis pensamientos.

—¿Albe? Ese nombre. Lo conozco. Perteneció al grupo de científicos que trabajó con nosotros… Ya veo. Así que su investigación fue a buen puerto. No me sorprende, era un hombre muy inteligente. De cualquier forma no quiero darte esperanzas, aunque no pueda utilizar los guantes, no tiene chances de escapar.

Dicho eso, saltó hacia mí y me golpeó en la cara con ese enorme brazo que parecía incluso más grande que mi cabeza. El impacto fue tan fuerte que salí volando hasta otra habitación, cerca de una escalera.
Me levanté en un estado de mareo e intenté subir, escapar del Cazador. No logré subir dos escalones hasta que otra vez sentí ese brazo, esta vez sosteniendo mi cuello desde atrás. No podía respirar y no intentaba huir de él. Era demasiado fuerte como para poder hacer algo.

Mi boca parecía un lago de sangre, cada tanto escupía algún diente que se había salido producto del golpe que me había propinado el sujeto antes. Que dolor, que dolor. Pero nada se comparaba con la desesperación de no poder liberarme y saber que lentamente estaba por desmayarme, morir o simplemente dormirme. Había sentido algo así en el pasado, pero no vale la pena comentarlo ya que ciertamente me da un poco de vergüenza.

¿Pero sobreviví, saben?. Ya no odio los gatos. Para nada.
Cronos fue mi salvador. Fue un verdadero héroe. Y pensar que si no hubiera permitido que viniera conmigo yo ahora no estaría escribiendo esto.

El heroico gato mordió la pierna del enorme Cazador haciendo que sus músculos me suelten, lo que me dió oportunidad de huir hasta arriba, donde había una puerta, probablemente hacia algún tipo de terraza o balcón mientras el gato corría hacia mi, goteando muchísima sangre. Lo tomé entre mis brazos y atravesé la puerta corriendo.

¡Qué poético es esto! No entendía cómo podía estar tan tranquilo. Acababa de saber que yo solía ser otra persona, estuve a punto de morir, tenía un gato moribundo en mis brazos y prácticamente me arrastraba por el piso para no caerme por lo desorientado que estaba.

¿Saben que había fuera?. Seguramente puedan adivinarlo. Era un reloj. Un enorme reloj.

La vieja torre del reloj que yo había mandado a construir en mi casa y tan bien conocía. Tenía carteles por todas partes que señalaban peligro, y yo sabía perfectamente por qué.

Mi Cazador se iba a transformar en mi presa. Éste ya no era su territorio. Era el mío. Y sin poder usar “su guante”, ese Cazador simplemente era un ser humano con mucha fuerza. Yo estaba en ventaja de conocer el lugar, un lugar alto, estrategicamente perfecto.

—Kevin Williams, le ordeno que deje de escapar. Sus intentos son fútiles. Aprenda a rendirse, señor. Y aprenderá que el dolor no es tan malo cuando uno no se resiste. Acepte las reglas. Usted las implementó, debería hacerles caso.

El Cazador se acercaba a mí a paso lento. Asegurándose de tener una victoria en sus manos. Que gracia me daba.

—Bien, señor Cazador, antes de que me mate. Quiero preguntarle algo. ¿Qué hora es?
—Eso es ilógico. Usted puede verlo en este reloj.

El enorme reloj a unos metros de mi ponía las 16:29. Un minuto antes del descanso que solía tomarme para meditar en la fuente. La torre del reloj, no había llegado a usarla, pero había ordenado estrictamente que debían poner un sistema de alarmas con dos configuradas por defecto.
El sonido tenía que ser tan fuerte que todo el lugar debía enterarse que el tan esperado descanso llegaba. No era solo para mí, toda la ciudad se regía por ese horario, en el que incluso en las más importantes fábricas se tomaban un tiempo para charlar, comer algo, dependía de las personas. Era un tiempo libre.

Mi presa se detuvo. Las gigantescas agujas del reloj mostraron las 16:30. Raro suena que diga esto, pero… que afortunado soy de no poder escuchar nada. Todo gracias al Cazador. Se cavó su propia tumba al creer que dejar sorda a una presa era legítimamente útil para acabar con ella.

Aquél que ante parecía tan fuerte ahora parecía gritar de dolor, las cientos de campanas de la torre que debían estar sonando eran suficientes para atacar los oídos de cualquier persona y dejarla prácticamente inútil, a merced de cualquier tipo de ataque.
Tenía que actuar rápido, no me empeñé en buscar algo que me sirviera de arma, ya que nada de eso podría ayudarme con este gigante. Necesitaba un buen golpe, uno solo, que pudiera acabar con el o simplemente dejarlo inconsciente.
Dejé a Cronos en el suelo y me lancé corriendo contra esa masa de enorme oscuridad, tirándolo hacia abajo.

Ojalá hubiera podido escuchar el glorioso sonido de esa caída, porque creanme, verla fue bastante impactante. Como dicen, mientras más grande seas más dolorosa va a ser la caída.

Solo hubo un problema. Cuando me tiré encima del tipo, él me sujetó, por lo que caí también. Obviamente el cuerpo del dolido monstruo absorbió virtualmente todo el daño que podía recibir, pero noté como una de mis piernas estaba en un ángulo poco común. Qué suerte la mía.

Intenté levantarme y algo me lo impidió. La mano del Cazador estaba sujetandome, mientras el permanecía en el suelo, con todo el pelo en la cara, por lo que no podía saber si tenía los ojos abiertos o cerrados.

—Qué inteligente… Nunca nadie… me había vencido jamás. Nadie había estado siquiera cerca.
—Después de todo yo soy el Presidente, ¿No?. Además es la segunda vez que paso por todo esto —le decía con un tono sarcástico que me hacía recordar a la forma de hablar de Albe—

Me levanté con una sola pierna, saltando, esperaba subir para buscar a mi gato.

—No te preocupes por el. Ya está muerto. Parece que se sacrificó por usted.
—Pero…
—Usted no le debe nada. Ese gato le debía más a usted. Lo sé. Antes del proyecto en el que surgieron los cazadores, antes de unirme a las unidades especiales, yo fui su guardaespaldas. Presencié muchos aspectos de su vida. ¿No lo recuerda, no?. Usted salvó a ese gato. Usted le puso ese nombre. Un día, volvíamos en un coche y usted lo vió tirado en el medio de la ruta, moribundo. Me ordenó que me detenga y yo no le hice caso. Era peligroso ya que había recibido muchas amenazas de los grupos rebeldes en ese tiempo. Usted me forzó a detenerme. Incluso me amenazó, todo para salvar a aquel animal. Su esposa lo odiaba, nunca le gustaron los gatos. Pero fue ella la que lo ayudó a elegir ese nombre. Cronos.

Curioso. Entonces ese sueño había tenido un significado después de todo.

—Al fin y al cabo ese gato le debía la vida. Y ya cumplió con su existencia. No hay necesidad de que vaya a buscarle. Sería cruel intentar salvarlo.

El Cazador se detuvo un momento y escupió un charco impresionante de sangre a un lado. Estaba en las últimas, en peor estado que yo. La caída había sido lo suficientemente dura.

—¿A que volvió, Señor Presidente?, ¿Por qué está aquí?

La voz parecía volverse más normal. Más humana. Como si por un momento hubiera olvidado esas estupideces sobre Protectores y deberes. Creí que sería malo no responderle. No parecía el mismo hombre que minutos antes había intentado matarme.

—Quiero ver el sol —le respondí—

Con mucha dificultad el Cazador empezó a reír. El sonido que producía por la sangre y el dolor era macabro. No era una risa digna de algún programa de comedia o algo por el estilo.

—Ja ja ja. Increíble. En verdad no recuerdas nada. Ja ja ja.
—¿Recordar?, ¿Recordar qué?
—Quiero que lo veas por ti mismo. ¿Ves esa escalera? —señaló una iluminada subida que parecía ir hasta una colina— Allí está el sol. Miralo y harás valer tu viaje. Vaya, Señor Presidente. Pero sepa que esto es lo que usted creó. Lamento que no pueda recordar por qué hizo todo esto. Siempre quise saberlo. La última ocasión nunca tuve la oportunidad.

No quiero escribir más sobre lo que vi después de eso, pero creo necesario que quien lea esto lo sepa. Fue ciertamente asqueroso. Había visto personas morir en el pasado, pero esto no fue para nada común. Antes de pasar a mejor vida, el Cazador mostró su cara. Una cara llena de cicatrices, con un trozo del labio superior ausente, como si hubiera sido removida con un cuchillo poco afilado, desgarrando su carne. Era terrible. Sus ojos estaban llorando, incluso siguieron saliendo lágrimas de ellos una vez que dejó de respirar. En la frente del sujeto decía “Sgt. Tynan”, como una especie de etiqueta con varios números probablemente relacionados con la milicia. Vaya nombre llevaba.

No quise observar ni un segundo más todo eso, por lo que me alejé, casi arrastrándome por la escalera. Estaba emocionado. Pero un cansancio me estaba invadiendo. Quería dormir. Pero este no era un sueño normal.

Aún así me esforcé por continuar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: