Kev Tynan #011

Los guardias empezaron a gritar, saltaron hacia mí y me inmovilizaron en muy pocos segundos. Ni siquiera podía echarle un ojo a la hora, mi cara estaba siendo retenida contra la tierra mientras me revisaban y llamaban a más hombres para que viniesen. Que terrible sabor tenía ese suelo.

¿Cuál era mi plan B, se preguntarán?. Simple. Dejar que me atraparan para luego hacer algún tipo de escape espectacular. No estaba muy bien pensado, pero no me quedaba más que hacer.

Luego de examinarme, uno de los guardias me puso de pie mientras el otro buscaba la marca de identificación de mi cuerpo. Esa tecnología de documentación electrónica había sido implementada hace unos pocos años y todavía no la entendía muy bien. Al parecer yo tenía uno de los primeros modelos y estaba bastante anticuado.
Un tercer guardia llegó con un aparato para “leer” mi identidad.

Revisó una vez, y otra vez, y otra vez. Llamó a sus colegas para que comprobasen algunos datos y volvió a utilizar el lector. No parecía contento, más bien muy confuso. Sentimiento que compartían todos los demás. Yo simplemente me limitaba a buscar a Cronos, ¿Dónde se había metido?.
El hombre que me sostenía contra la pared me soltó e hizo algún tipo de gesto militar. Todos los demás lo imitaron.
Definitivamente estaba soñando.

Luego de revisar que no estuviese soñando me encontré solo, en el medio de la puerta, sin ningún guardia cuestionando que hacía allí o intentando capturarme. ¿Esto tenía que ver con Albe? El había dicho que todo lo que hizo era por los Cazadores, no veía la relación entre esos extraños individuos y estos guardias que parecían respetar a un pobre viajero que pretendía romper las reglas.

Me sentí bastante ofendido. ¿Tan fácil iba a ser todo?. Esperaba algo más poético, algo más emocionante. Y no, a solo unos pasos estaba el final o el comienzo de mi travesía.

Un viaje bastante extraño, y quizás se volvería mas extraño adelante. Cuando me acerqué a la pequeña puerta de rejas blancas, un hombre en una cabina me hizo algún gesto que no supe interpretar. Seguido a eso, la puerta se hundió en la tierra. Adelante, contrario a lo que esperaba, había más oscuridad. Más de lo mismo que había visto durante mi viaje. No había carretera, el camino era solo nieve que me llegaba hasta las rodillas. Me cuestionaba a dónde llegaría con todo eso y si iba a sobrevivir allá adelante.

Sin seguir dudando decidí continuar.

Quería ver el sol. Una vez más.

Luego de una larga caminata a ciegas por lo que podría llamar tranquilamente “Nada” llegué a una plaza bastante iluminada por faroles. Seguía sin ver nada de luz solar, me preguntaba si era por los grandes árboles que me rodeaban, o quizás simplemente era de noche. No podía saberlo, todos mis relojes dejaron de funcionar, lo que me enojaba bastante. En el centro había una fuente, casi cubierta completamente por nieve. Pero ya no estaba nevando, no señor. Eso me daba energías para continuar.

Esa fuente me hacía recordar algo muy particular de hace unos años. Recuerdo la dureza de un trabajo pago, las responsabilidades, los problemas, el odio entre la gente que me rodeaba y la intención de algunos de aprovecharse o como otras personas dicen “traicionarme”. Todo eso me agobiaba. Sin embargo, siempre encontraba un escape en la tranquila fuente que había fuera de mi casa, en un enorme patio rodeado de algarrobos. Caminaba por allí, tomando café, observando la enorme torre con un reloj que habían construido recientemente. Quizás toda esa turbulenta vida valía la pena por esos escasos minutos de paz que parecían eternos.
Parado ahí, pensando en esa paz, pareció que todos los sonidos que me rodeaban desaparecían y solo empezó a escucharse uno de respiración que aumentaba a cada segundo que pasaba. No era mío.

Pero, ¿Quién estaría en un lugar como este?. La única opción que se me ocurría hacía que toda la oscuridad del cielo se introdujese en mi persona llenándome de un cruel terror, pero de una incertidumbre de la que no quería librarme. Lo que tenía atrás solo podía ser una cosa: Un Cazador.

Pensé en enfrentar mis miedos causados por las ridículas historias que me habían contado todas las personas que hablaban acerca de estos hombres, que eran experimentos del gobierno y que la pena que causaban era inigualable, dolores que ningún humano ha conocido jamás. Pero, ¿Saben qué?. Si realmente hay un cazador tras de mí, no importa lo que haga. Si voy a ser “marcado” y mi viaje va a terminar acá, quiero mirar al final a la cara antes de que suceda.

Al darme la vuelta no vi nada. Los sonidos provenían del suelo, donde yacía ensangrentado el cuerpo de mi compañero, mi gato, que respiraba con mucha dificultad. ¿Cómo pude confundir la respiración de un hombre con la de un animal?. Créanme, ya no recordaba como era ese sonido.

—¡Cronos! —grité, como si alguien pudiera escucharme—

Me acerqué a el, pero antes de dar otro paso, divisé una sombra surgiendo de las mismas sombras en la lejanía.

—Es nuestra tarea como Protectores evitar que especies extrañas se introduzcan en el ecosistema exterior. No podemos permitir la existencia de ningún tipo de vida.

Un enorme hombre, de al menos unos dos metros y medio estaba acercándose lentamente hacia Cronos. Cuando se acercó lo suficiente, uno de los faroles lo iluminó mejor. Su apariencia era bastante extraña, iba vestido con una larga gabardina negra, pero solo eso. El resto de su cuerpo estaba desnudo. No llevaba ni siquiera botas. Lo único, además de la gabardina, eran unos enormes guantes en cada mano de un material que no pude reconocer. Su cabello era negro, haciendo conjunto con la escasa ropa que traía. El resto de sus facciones permanecían ocultas en las sombras, no podía ver bien su rostro.
Estaba seguro, esa apariencia extraña me decía algo: Estaba frente a un verdadero Cazador.

—Es nuestra tarea como Protectores… —repitió el gigante, mientras acercaba una de sus enormes manos hacia Cronos—
—¡Momento! —contesté— Se supone que si no puede haber vida en este lugar, deberías eliminarme a mí. Es decir, todavía puedo correr, escaparía fácil mientras vos te encargás de terminar con el simple gato. En todo caso, el ya no puede escapar. Lógicamente, yo en tu lugar, me perseguiría a mí.

Dicho eso, me lancé a correr. Sinceramente no sé que pensaba en ese entonces, quizás habría tenido más chances de huir si no hubiera dicho nada. No estoy muy seguro, hablamos de un Cazador, lo que me convertía en una presa, y nunca es bueno ser presa. Nunca.

Volviendo a la oscuridad apagué mi linterna para evitar ser visto, y pronto me encontré con algún tipo de edificio. La puerta estaba abierta así que entré y las luces se encendieron solas. “Maldito sistema de detección de calor”, pensé. No tardé demasiado en encontrar un interruptor para apagar las luces.
Cerca de una pared mi ropa se desgarró contra un clavo salido. Maldecí mientras me quitaba la chaqueta que si ya solía estar en mal estado, ahora era inútil usarla.
El lugar era extrañamente familiar, quizás por haber vivido tanto tiempo en diversos lugares todo lo que tuviera techo me parecía familiar.

Se escuchó una voz seca que parecía lejana, pero sonaba como si estuviera viniendo de mi cabeza.

—El trabajo de los Protectores es evitar que cualquier individuo perturbe la paz. Tenemos que mantener oculto el secreto. Tenemos que hacer pensar a las personas que hay una verdadera esperanza. Ese es mi trabajo. El trabajo de los protectores.

¿Saben lo que oí?. Un sonido tan agudo y tan fuerte, un sonido que no puedo describir. Jamás había escuchado algo así. Instantáneamente me lancé al suelo con mis manos en las orejas. Unos segundos después se detuvo.

Las luces se encendieron mientras una de las paredes del lugar se cayó, como en una demolición. Leyéndolo, suena algo increíblemente ruidoso, pero no lo fue. No escuché nada. Era como si alguien hubiera bajado el volumen del universo.
Desde los escombros se levantaba una sombra. Incluso en la luz que lo iluminaba era como si la detuviese. El permanecía oscuro, mientras que sus alrededores no. Eso le daba una sensación bastante terrorífica.

No podía escuchar mi propia voz. No podía. Intentaba hablarle, pero no escuchaba mis palabras. De nuevo, desde la lejanía o cercanía de mi mente, empecé a escuchar al Cazador…

—Por alguna razón no había podido ver que ya eras un Marcado. Como Protector mi deber es terminar con tu existencia.
—¿Un Marcado? —pensé
—Tu espalda tiene la marca. Ya haz estado aquí.

No podía escuchar nada. Pero al parecer, este hombre podía escuchar lo que yo pensaba. Me levanté y me alejé un poco.

(Parece que Kev dejó de escribir las fechas)

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