Kev Tynan #009

Nota: Por diversas razones decidí terminar Kev Tynan en el “capítulo” #013, así que después de eso voy a publicar un artículo hablando más a fondo de la cuestión. Saludetes.

No estaba seguro si había estado soñando o si todo lo que viví fue cierto. De cualquier forma, deseaba con todo mi corazón nunca haber entrado a esa casa. ¿Por qué ese gato se llamaba así? ¿Había alguien con tan mal gusto como yo?.

Habían pasado algunas horas y parecía como que la sangre volvía a fluir por mi cuerpo, me sentía lleno de energía. Quería levantarme, pero las últimas veces que lo hice no me había ido muy bien.
A las 17:12 decidí salir de la cama y enfrentarme a esa persona que me había hecho tan difíciles los últimos días. Podría haber huido, pero no tenía razón. Si Albe hubiera querido hacerme daño, ¿por qué dejarme tanta libertad? La ventana parecía estar sin ninguna traba. Con esa seguridad, me acerqué hasta el comedor de la casa.

—¡Pero si es Kev! ¿Cómo estas, mi estimado huésped?

Albe parecía feliz. No había visto esa expresión en su cara desde que lo conocía.

—Adolorido, recuperando energía. Y esperando una respuesta a todo esto.
—Bien, siéntate. Voy a intentar explicarte.

Un sonido taladraba los silencios tan marcados en el habla del hombre. Era el ruido de un reloj de pared, probablemente proveniente de la cocina.

—Vivimos tiempos difíciles. Yo solía ser un científico. Hasta que esos charlatanes nos robaron el sol y nos propusieron estas alocadas ideas de progreso sin el. ¿Recuerdas la rebelión de este grupo religioso…?

Había leído algo al respecto. La política internacional no me llamaba demasiado la atención. Sabía a muy grandes rasgos que un grupo de personas que “juraban adorar al sol como un Dios” empezaron a armar revueltas contra el Plan Ater. Ahí habían surgido los cazadores, como medio para “reducir” rebeldes.

—Los cazadores, o como los llamamos en su momento Unidad 13 eran personas comunes. Solo un grupo de soldados que nos ayudaron a mantener a raya a esas personas que se oponían. Yo no podía creerlo, estaba apoyando con mi querida ciencia a esta estúpida idea. Ese hombre nos había lavado el cerebro.
—¿Ese hombre?
—Aquel que tomó el poder por la fuerza. Vos sabés. Todos sabemos que lo aceptamos al principio. El grupo rebelde cobró fuerza, cada vez más personas se acercaban a sus filas y no dudaban en cometer actos horribles para detener nuestra causa. Se nos ordenó a nosotros que utilicemos nuestros conocimientos para crear algo que genere “tanto miedo que nadie vuelva a oponerse”. Al menos esas fueron las palabras del Presidente. Yo no dudé un segundo, escuchar su discurso era como una sesión de hipnotismo y en menos de un día estabamos trabajando en un prototipo. Usamos a la Unidad 13 para las pruebas. Eran un total de noventa hombres, de los cuales solo sobrevivieron trece. La ironía fue terrible como para ignorarla.
—¿Pero qué les hacían? ¿Qué tiene que ver todo esto conmigo?
—Calma, muchacho. Ya voy a llegar a eso. Los pobres hombres fueron victimas de toda clase de drogas experimentales para el desarrollo y mejoramiento de los sentidos. Agudizar la vista y oido, aumentar la fuerza de los músculos y hacerlos resistir extremo dolor. Teníamos además un grupo de psicólogos para mantenerlos cuerdos. El proyecto parecía perfecto, aunque muchos no sobrevivieran por los riesgos médicos, los trece supervivientes resultaron ser soldados excepcionales, más allá de lo que podíamos esperar. Y no parecían estar para nada corrompidos por lo que habían vivido. Eran perfectos.
La rebelión se acabó el día que los soltamos y los rumores empezaron a correr. Solo trece. Eran muy pocos, y en un día, acabaron con una amenaza que llevaba ya más de cincuenta mil muertos. ¿Cómo era posible?. El Presidente estaba totalmente sorprendido pero también conforme. Pero el caos no tardó en llegar. Un día, uno de ellos escapó. El mismo día que activaron el Sistema Ater. Los otros doce parecieron imitarle. Según localización satelital, pudimos saber que todos estaban dispersos alrededor de la ciudad.
Nunca entendimos por qué, ellos empezaron a trabajar con nosotros sin darnos ni una explicación, a la espera, a la caza de personas que intentaran escapar. Por eso los empezaron a llamar “Cazadores”. Pero para ese entonces yo ya no trabajaba para el gobierno. Había abierto los ojos como muchos otros, incluso había intentado irme de la ciudad, vanamente. Vos sabés, ellos son como robots. El rumor sobre “la marca” que realizan en los que capturan una vez es cierta. Yo, lamentablemente, no puedo volver por allí. Pero no quiero malgastar mi investigación.
—¿Su investigación?
—Esta aguja. Tenía lo último de mi lucha contra todo esto. Hace mucho que una persona no intentaba salir. Necesitaba asegurarme que eras una persona que valía para eso. Sobreviviste. Además, lamento decirte que tenía que usarte para probar esta sustancia. Te será totalmente necesaria si querés sobrevivir por ahí. No había otra forma.
—¿Qué? ¿Entonces yo fui para vos una simple prueba?
—Vos querías cruzar, yo quería probar mi experimento. Yo te dí algo para que te sea más fácil, y vos lo recibiste. Todos ganamos. Realmente no hay perdedores en esta situación —Se acomodó en su silla para imponer un poco de respeto junto a sus palabras.
—No sé que pensar de vos. Es increíble. Todo esto que me contás. Yo no… no quiero saber nada. Lo único que deseo es “cruzar”, no quería nada de esto. Me voy.
—Andate. Ahora sé que vas a sobrevivir. Y sé que mis pruebas funcionaron. Si vos sobrevivís, hacemelo saber. No, me voy a enterar. Y vamos a poder armar una nueva rebelión.

Albe siguió hablando cuando cerré la puerta tras de mí. Ya tenía suficientes historias extrañas por hoy y no me apetecía seguir escuchando sus locas teorías, investigaciones e ideas de crear grupos rebeldes. Me fijé que uno de mis relojes estaba cinco segundos atrasado respecto a los demás. O… quizás… ¿No estarían adelantados cinco segundos los otros?. Que curioso, me interesaba más esto que todo lo que el excéntrico hombre había querido contarme antes. Me sentí feliz pues realmente todo esto no me había afectado tanto.

Tengo que caminar rápido. Me queda un pequeño viaje hasta mi próxima parada. Y esa próxima parada sería la última. Tenía planeado detenerme antes, pero ya perdí mucho tiempo. Es hora de recuperarlo.

– 10/08/2039

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