Kev Tynan #007

Hacía mucho tiempo que no dormía en una cama tan cómoda. Había permanecido bajo el manto de Morfeo por unas siete horas con treinta y nueve minutos y unos veinte minutos más en los que me mantuve en mi lugar protegiéndome del terrible frío de la mañana.
Afuera la tormenta había cesado y todo podía verse más claramente.
Que bien me venía esto para continuar con mi viaje.

Me dirigí hacia afuera de la cabaña, dónde no vi a nadie. No había rastros de Albe ni de la muchacha, pero no me preocupó mucho. Junté una buena cantidad de agua de un pozo bastante viejo y volví a entrar para buscar al hombre que me hospedaba para pedirle alguna provisión.

Antes de poder abrir la puerta trasera, sentí un ruido en el techo. Me alarmé al ver caer nieve del mismo y subí la mirada.
En aquel tejado había un gato de un color tan negro que realmente —y ciertamente irónico— brillaba entre todo el blanco que lo rodeaba. No hacía más que mirarme, igual que yo a el. Por un momento permanecí inmóvil, hasta que me di cuenta de que tenía que apresurarme para aprovechar el buen tiempo con el que había sido afortunado hoy.
Cuando intenté entrar, el felino se lanzó sobre mi como si intentase prevenirme de algo. Obviamente no iba a hacerle caso a un gato, y lo hice a un lado de un manotazo. No me gustan los gatos.

No me había dado cuenta, pero ahora yacía en el suelo, sobre la nieve. Empecé a escuchar pasos.

—¿Albe? —pregunté, mientras di media vuelta levantándome

Detrás de mi, con su cabello descontrolado y una mirada fría, Albe me atacó con algo que no supe identificar y perdí el conocimiento instantáneamente.
No recuerdo más hasta lo que sucedió minutos después cuando desperté. Estaba atado de pies y manos en una silla.

—Me impresiona que te hayas despertado con tanta precisión. Unos minutos más y podrías haber escapado.

Cada palabra que decía el hombre parecía forzada. Quería sonar amenazador, pero no lo lograba.

—Muy bien, supongo que ya estás listo —sacó de un cajón el artefacto que yo le había entregado el día anterior—, ¿Qué te parece si ya empezamos con la prueba?

Ahora si estaba asustado. Más allá de sus tonos, no podía analizar más que el hecho de que estaba en un peligro real. Este sujeto, que parecía bastante inestable, estaba a punto de probar en mí algo que podía matarme, y no había contemplación para cualquier tipo de escape posible. Estaba atrapado, y me carcomía el alma saber que mi viaje hubiera durado tan poco. Cada centímetro en que Albe acercaba la aguja a mi pecho parecía durar horas y eso aumentaba mi sensación de terror.

Finalmente, sentí un ardor en el pecho. Cerré los ojos y dejé de pensar por un momento. El sonido del viento dejó de sentirse. Mi pulso que estaba tan acelerado ahora parecía estar calmo como una piedra. ¿Estaba muriendo?.

De repente, tuve la sensación de que la aguja, que había estado albergada en mi pecho, era removida. Comprobé sin mucho problema que no me faltaba la respiración y que todo estaba en orden. Abrí los ojos.

Frente a mí seguía Albe, ahora observándome atentamente, como buscando algo.

—No parece haber ningún efecto secundario. Felicidades, Kev. Es posible que seas el primer hombre que cruce al exterior y viva para contarlo.

Ni bien soltó mis manos de la soga que las ataba, me lancé contra el. En un vano intento de atacarlo caí en el suelo.

—Estás débil. Tenés que descansar si querés seguir. Te sugeriría que partas mañana. Parece que es verdad, el cansancio es un efecto secundario, pero puede curarse si descansás. —me levantó del suelo y me sentó en una de las sillas de su comedor.
—¿Que está pasando? ¿Por qué no estoy dormido?
—¿Estuvo bien, eh? —respondió Albe entre risas— Metadixterio es una sustancia muy cara que sirve en la industria textil para crear prendas muy resistentes. Pero recientemente descubrimos que tiene una peculiaridad llamativa. O al menos yo lo descubrí, quisiera darme el crédito.

No entendía mucho, pero solo podía permanecer sentado y escuchar. Era imposible para mi moverme un centímetro. Era como si no hubiese dormido en meses.

—Bueno, eso del “Sueño Eterno” era una farsa. Necesitaba inventar algo en el momento. Creo que el detalle de que podría ser mortal fue un poco precipitado, pero bueno, ¡Seguimos acá vivos!

No sabía si estaba loco o simplemente era una persona muy despreocupada. Pero de alguna forma, me había engañado para probar su extraña sustancia.

—Antes de que sigas sacando conclusiones absurdas —dijo observando mi expresión—, voy a decirte que lo que te di es un regalo para que puedas sobrevivir a los Cazadores. Pero ahora te vas a dormir, no más información por hoy.

No lograba comprender nada. ¿Me había ayudado? ¿Cómo? ¿Quién es en realidad este Albe?. Necesitaba respuestas, pero también necesitaba descansar.

– 08/08/2039.

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