Kev Tynan #002

Cuando era chico mis viejos tenían una relojería, y yo solía ir a la sección de los relojes despertadores clásicos (nada de corriente, nada de tecnología básicamente) poniéndolos todos para que suenen a las 17:55 todos los viernes. Era una costumbre sin razón, un día simplemente dije “Voy a hacerlo”. Todos necesitan una rutina, incluso aunque sus bases sean ilógicas, la mía se armaba con aquella lógica propia de que una rutina era completamente necesaria sin más vueltas.

Allí fue cuando empecé a tomar un gusto por los despertadores. Mi vida prácticamente se regía por horarios establecidos con anticipación. Me creían loco por tener un armario con veinticinco relojes, y por llevar tres en cada muñeca. Yo nunca me vi como loco, prefiero mi comportamiento inofensivo al tóxico estilo de ciertas personas con vidas manejadas por la violencia o la depravación.

Cuando llegó la Prohibición de los relojes yo fui el único en toda la ciudad que fue arrestado por pasar por alto la ley. Dos veces.

Después aprendí que no podía seguir burlándome de las reglas, y asumí una nueva posición como individuo agobiado y común de la sociedad. Probablemente fue allí cuando me vi envuelto en un desprecio total hacia el nuevo gobierno, a quien todos adoraban (por miedo a los castigos, quizás). Y sobretodo, fue en ese momento cuando empecé a odiar la falta de la luz solar que nos habían arrebatado esos mal nacidos.

El pueblo lo entendió. Sabían que no podían vivir sin electricidad y se necesitaba aquella firme bóveda sobre nuestras cabezas para mantener la demanda constante. Y yo también lo había entendido, no tenía por qué ir contra ese razonamiento.

Pero cuando me privaron de mis relojes, no pude mantener mi compostura ante tal acto demencial de los gobernantes.

Es por eso que quiero huir. Es por eso que voy a comenzar este viaje. Si quieren llamarme loco háganlo, comprendo que puedo no estar en todos mis cabales, pero sé una cosa con seguridad: Yo voy a seguir mis sueños y nadie va a manejar mis actos.

Acabo de recordar toda mi niñez al encontrar este viejo reloj guardado en un galpón en el fondo de la casa de mi juventud. Ahora que lo obtuve, mejor me voy de acá porque si los nuevos propietarios me encuentran es más que probable que las cosas salgan mal.

Mi próximo destino ahora es simplemente mi destino. Voy a esperar al amanecer para irme.

– 04/08/2039.

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